Es una plataforma no sólo informacional; también de entretenimiento, recreación, educación, promoción, entre otros ámbitos. Aquí, el acercamiento que se hace a la reproducción virtual de actividades que el hombre hace cotidianamente fuera de computadora alguna, y la importancia y eficiencia que esto representa, hacen del ciberespacio un campo muy recurrido y cuya importancia, acrecentada a pasos agigantados, está empatándose con la del “mundo real”. Un ejemplo claro de ello es la adaptación de los conceptos de la vida real a los objetos y sistemas que pertenecen a la red. A partir de esto, me parece que es más fácil comprender porqué los antropólogos sociales y la sociedad en general han dado cabida al término de cibercultura. A diferencia de la nuestra, las generaciones venideras aprenderán dentro de su léxico básico palabras como Internet, Messenger y pagina web.
El ciberespacio, al no ser tangible, se convierte (tal vez igual que el concepto cabal de espacio) en una abstracción de la realidad, una referencia a algo que existe pero que no podemos tocar, sino concebir gracias a conocimientos previamente obtenidos. Por ejemplo, no podríamos entender -en el contexto del ciberespacio- lo que significa una cadena si no contáramos antes con el conocimiento de lo que es un e-mail, una lista de contactos y una bandeja de entrada.
Pensé en su condición de abstracción (del término de ciberespacio) a raíz de la descripción que Milton M. Berger hace en su artículo El nacimiento de una matriz, o doble vínculo y epistemología, en donde señala que uno de los postulados de dicha epistemología explica que a lo que pasa del mundo exterior al cerebro se le llama noticias de diferencias: “Es característico de la mente y de los procesos mentales el hecho de que, en muchos de los pasos que constituyen los circuitos de la mente, los eventos sean causados, no por fuerzas o impactos, sino por diferencias”, escribe Berger. Estas diferencias, mediante codificación estilizada, se convierten en información, proceso que guarda una estrecha relación con el empleo de los órganos sensoriales y con la Ley Weber-Fechner.
Ya que la obra de Berger concierne meramente al estudio de la ciencia de la conducta y de los procesos mentales, me parece oportuno relacionarlo con la forma en la cual concebimos un concepto tan delicado como el de ciberespacio. En tal caso, es posible asegurar que evocamos su significado através de una comparación mental involuntaria entre éste y el mundo real.

Navegando por la red, encontré datos curiosos acerca de la ciberatmosfera:
2. Atlas de Ciberespacios (Atlas of Cyberspaces). Museo cartográfico de internet en el que se puede encontrar todo tipo de representaciones visuales del ciberespacio.
3. La geografía del directorio del Ciberespacio (Geography of Cyberspace Directory). Repositorio de enlaces relacionados con las representaciones visuales del ciberespacio.
4. Declaración de Independencia del Cyberespacio (Barlow’s Declaration of Independence).
5. Las Leyes del Ciberespacio.
Al menos alguna vez hemos reconocido con sorpresa lo mucho que estamos inmiscuidos en este panorama. Lo cierto es que, casi también sin darnos cuenta, varias veces al día contribuimos con la conformación y preservación de esta cultura, y que con el tiempo daremos lugar a nuevas prácticas cibernéticas.
El lado negativo de la situación se hace notar cuando a cambio de, por ejemplo, ahorrar tiempo, disminuimos la seriedad de la entrega de un documento importante, la emotividad de un encuentro cara a cara o el impacto irremplazable que representa la percepción visual del contacto físico directo.
En medio de la rutina que combina el uso de los medios electrónicos (móviles o no) y las formas de comunicación personal (sin maquinas de por medio), hoy en día es difícil distinguir la frontera que delimita la realidad virtual de la convencional. Legará un momento, en un futuro no lejano, en la que nos costará trabajo rememorar la época en la que el cartero tardaba tres días en entregar una carta.
Itzel Danae M Dorantes
Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Universidad Autónoma Metropolitána – Unidad Cuajimalpa
agosto 26, 2008 a las 4:27 am |
muy cierto, este mundo tecnologio nos absorbe de una manera incrible, no hay campo que se pueda librar de relacionarse con el ciberespacio y la tecnologia
buena nota danae
Alejandro Espinal
Lic. en educacion Primaria
Benemerita Escuela Nacional De Maestros
[DEFENDIENDO AL NORMALISMO DEL SNTE]